´

23.11.09

Inspiración




11.11.09

Albóndiga de mi cazuela

Piropos como el del título, de esos que tienen por respuesta un "me mataste", pueden ser vistos en ¿Quién fuera...?. Una recopilación de piropos hecha por Memoria Chilena, que además de los culinarios, incluye los primaverales, futboleros y tradicionales. Enjoy-Copy-Paste! ----------->

9.11.09

Gallagher, el maestro de la vida

6.11.09

Benjamin Zandler

Al menos uno que sea vivo

-Usted es un opositor a las hidroeléctricas de Aysén. ¿Por qué?

-Mire, yo no soy ecologista ni quiero que la gente se vaya al campo para cuidar la naturaleza, pero hacer esa monstruosidad en Aysén es un pésimo negocio y un daño irreversible para el país. ¡En California las están sacando, y nosotros las estamos armando…, hay que ser muy tonto!.

-¿Por qué tan drástico?

-¿Usted conoce Machu Picchu o la Muralla China? ¿Ha visitado las ruinas de México, la Catedral de Westminster en Londres, la Universidad de Uppsala en Suecia? Nosotros no tenemos nada más que la Patagonia, las maravillas del sur y algo en el norte, en San Pedro. Los países se pelean por mostrar alguna atracción turística y nosotros destruimos lo poco que tenemos. ¿Sabe como crecerá el turismo cuando unos cien millones de chinos comiencen a viajar? No se puede construir esa barbaridad, tenemos que proteger nuestras maravillas. Hay extranjeros que pagan hasta el alma por conocer esos paisajes. En unos años más, ¿les vamos a decir a los turistas que visiten las hidroeléctricas? Estos proyectos solo muestran que tenemos empresas poderosas y un gobierno débil, y ambos con una mirada de corto plazo, que no piensan en el daño que causarán.

--
Pablo Valenzuela en “El grito de Valenzuela” entrevista Patricia Politzer

4.11.09

4 de noviembre

3.11.09

Pollito, nunca Pollo


“Después de Joe Vasconcelos, vino el Pollo Fuentes. ¿Cuántos años llevamos viendo al Pollo Fuentes?. Es casi sinónimo de la vida. Lo peor fue que ahora el cantante no venía a animar, a lo que ya nos tiene acostumbrados, sino a cantar. Y peor todavía, a cantar las canciones de la Nueva Ola. La Nueva Ola tiene aburrido hasta a los que eran jóvenes en la década del 60, como el Pollo Fuentes, por ejemplo.”

El párrafo anterior lo escribió Guillermo Hidalgo, periodista que murió hace un par de meses y se hizo tristemente célebre por una crónica que relataba de este modo la actuación de José Alfredo Fuentes en el Festival de Viña. Su fama, y ahí lo triste, no tiene que ver con la elocuencia o lo virulento del texto, sino porque esa tibia noche de febrero el “Pollo” Fuentes presa de los nervios no actuó en el Festival de Viña. Hidalgo, previsor como pocos, había dejado la crónica escrita, antes de una actuación que nunca sucedió.

Se podría discutir sobre lo profesional y ética que sería aquella actitud, pero para ser francos, del cantante de la nueva Ola no sé si podía esperar otra cosa. Coincido con Hidalgo, tan bueno que era, en que la figura del Pollo Fuentes es casi como “sinónimo de la vida”, entendiendo la vida como "la vida misma" el 95 % del tiempo, con breves destellos de algo que no nadie sabe muy bien qué es durante el 5% restante. Para gente de mi edad éste siquiera alcanzó a ser un cantante, y lo pudimos ver desde siempre como animador de televisión, con esa sonrisa franca que caracteriza al gremio, desde los años 80’s (de la veta cantante del “Pollo” Fuentes uno se enteraba casi por casualidad, durante la hora once conversando con la abuelita, ponte tú).
En fin, el “Pollo” Fuentes hasta hace muy poco, era para mí otro más de los deleznables personajes de la nuestra televisión, algo así como un Don Franciso de menor estofa… Todo esto hasta el disco “Corazón Loco”, disco que descoloca y llama la atención de principio a fin y que en principio “no junta, ni pega” con la vida pasada y pública de José Alfredo Fuentes.
Una primera cosa a considerar, es el productor: Álvaro Henríquez. Uno ya sabe que, de haber tenido que escoger especialidad médica, Henríquez hubiera sido geriatra, pero el Pollo Fuentes simplemente es demasiado, incluso para quienes seguimos con atención la mayoría de los proyectos del rockstar de la Conce y con particular ánimo a los que rinden culto a los viejos cracks de la música, Carmen Corena o Roberto Parra, para dar el ejemplo de algunos que “la delantera no más nos llevan”.
Otra cosa que llama la atención, aquí se nota la mano de Henríquez, es la selección de temas para el disco, y es que éste incluye covers de los Petinellis, Café Tacuba o Blood, Sweat & Tears. Temas como “Corazón Loco” (el hit del verano de Bebo & Cigala), el tango “Mala Suerte”, Calderero del mismo Henríquez o la desgarradora “Decepción”, la única composición de Fuentes. Canciones cargadas al humo de cigarro, el vino y la bohemia. Que hablan de un Pollo hasta ahora desconocido para nosotros… sincero, atormentado y sin anestesia, ni edulcorantes, que nada tienen que ver con el Pollo que habíamos conocido hasta entonces.
Recién después de rastrear algunas entrevistas, las disonancias entre “el Pollo de la tele” y “el del disco”, se aclaran un poco y comienzan a tomar sentido.
Quizá en el fondo –en el fondo, en el fondo- el “Pollo” de la tele, siempre fue el del disco, pero como la procesión va por dentro, el Pollo tuvo que esperar 4 décadas de vida artística para mostrarnos esa veta, de modo tal que el regalón de las abuelitas, ese joven que durante los años 60’s no hubiera desentonado en ningún almuerzo familiar, resulta que tenía una clara conciencia de la sospecha de la gente mala leche como uno, tenía sobre él: “Me fue ganando la imagen del proveedor, del huevón asegurado que le tiene miedo al futuro. Quería que a mi familia no le faltara nada, y dejé de lado al artista”.
Del mismo modo, reconoce lo que había detrás de esa afectada amabilidad y sonrisa plástica del hombre de televisión: “claro, en las fotos pones cara de animador, tienes una postura de animador, una risa fabricada, pero todo es falso, porque no estás contento.”

La primera vez que uno escucha el disco, sorprende, pero después de buscar las entrevistas y reportajes, la cosa terminaba de “cuadrar” y claramente huele a redención, pero no deja de ser una redención extraña frente a toda esa vida anterior, en que el tipo supuestamente se dejó seducir o arrastrar por una vida que no era suya, con todo aquello que se supone era la felicidad (bla, bla, bla). De todos modos yo dejaría bajo sospecha todo eso, ya que el “Pollito” se acuerda que es un bohemio y que “en realidad nunca fue realmente lo que fue” en una circunstancia que biográficamente le resta todo valor a todo lo que puede ser “Corazón Loco”. Y es que se declara rebelde justamente en el momento que vive el ocaso de su vida televisiva, como una pataleta frente a una merecida jubilación y/o “sobre azul”. Todo el resto del tiempo, mientras funcionó “normalmente” su vida exitosa y feliz, el “Pollo” Fuentes se dejó arrastrar con bastante docilidad y sin quejas, de hecho lo hizo sonriendo, así lo deja ver cuando declara: “La verdad es que si yo hubiera dejado de ser famoso, me moría. No porque me guste ser famoso, sino porque no conozco otra vida desde los 17. Yo salgo de aquí a la puerta y me gritan “Pollito”, “Grande”, “Maestro”. Voy al teatro y tengo la mejor entrada, y bueno, el cariño de la gente. Entonces, ya no puedes vivir sin eso. No tomo el ser famoso como una necesidad, sino como una costumbre”.
Por último, una muestra contundente de esa extraña dependencia por aquello que los artistas llaman el cariño de la gente: “Yo cuando me voy a descansar, me voy fuera de Chile y a la tercera semana, ya empiezo a echar de menos al compadre que te atiende de otra manera por ser quien eres”.

Bueno, y ¿quién era finalmente el “Pollo” Fuentes?, se preguntarán quienes lo vieron como joven promesa de la Nueva Ola, animando programas de televisión (vestido de Huaso junto a Miriam Hernández, cantando un tango con el Cura Hazbún o junto a Difuntos Correa, for example) o que se puede pensar ahora que fue virtualmente “apadrinado” por Álvaro Henríquez (y que sacó carnet oficial de hombre solitario y bohemio).
La sensación que queda, es que el Pollo hizo un excelente disco, pero algo tarde, ya que la cosa venía de cajón desde hace como 20 años atrás, pero éste tuvo que estar cercano a la jubilación y vivir el triste ocaso del macho, el de los machos tristes como diría la novela de Julio Osses, para darse cuenta de todo, de todo lo que siempre supimos.
Hay crisis que supongo son justas y necesarias a los 20, pero tenerlas con casi 6 décadas: ¿No tendrá que ver más con la demencia senil, que con una liberación?. No es más funcional, a esas alturas, tener un matrimonio feliz y una amante discreta, antes que dedicarse a cantar “Corazón Loco”:

“No te puedo comprender / Corazón loco / No te puedo comprender / Y ellas tampoco / Yo no me puedo explicar / cómo las puedes amar / Tan tranquilamente / Yo no puedo comprender / Como se pueden querer / Dos mujeres a la vez / Y no estar loco / Merezco una explicación / ¿Por qué es imposible seguir / con las dos? / Aquí va mi explicación / A mi me llaman sin razón / Corazón loco Una es el amor sagrado / Compañera de mi vida / Esposa y madre a la vez / La otra es el amor prohibido / Complemento de mis ansias / Y al que nunca olvidaré / Y ahora ya puedes saber / Cómo se pueden querer / Dos mujeres a la vez / Y no estar loco”.

El Pollo Fuentes estaba hastiado y esto le salió del alma, lo cual musicalmente se reflejó en un disco muy destacable, pero supongo que nos hemos perdido un Pollo mucho más interesante y auténtico, que el animador que vimos todos estos años. Pobre de la gente que lo rodeo y que creyó ser feliz por tanto tiempo con él, pobre “Pollo” que tuvo que esperar los 60 con la “Decepción” a flor de piel, para lanzarse a lo que se supone es la felicidad, la liberación y la "cacha de la espada":
“Es que este disco es el resultado de un proceso… yo me liberé hace poquito tiempo. Porque desde muy chico viví tratando de que nadie lo pasara mal. Así sostuve la relación con mi madre, mis hermanos, con mis hijos, con mi ex mujer… Yo estaba obligado a hacer cosas por los demás, y a decir que sí siempre. Lo que quiero ahora es empezar a vivir yo. Aunque me queden diez años con la agilidad que hoy siento, tengo muchas ganas de hacerlo”.









Pollito y sus nuevos amigos

2.11.09

El hombre que cantó en el baño

El lunes de carnaval, después de que el domingo había hecho todo lo permitido, lo no permitido y hasta un poco más, el hombre hizo aquello que dio que pensar a sus parientes acerca de su salud mental: el hombre cantó en el baño.
Por lo general, después de un domingo común y corriente pasado fuera de la casa y en compañía de los amigos, nadie está en ánimos de hacer nada parecido (ni siquiera de escribir un jirafa, que es bien distinto) y se supone que el ciudadano normal lo primero que hará antes de saltar de la cama es pedir su tradicional limonada con hielo, su desayuno de carne asada y salir hacia el baño hablando mal de Pedro y su venerable vecindario.
Pero el lunes, para sorpresa de todos, el hombre hizo algo completamente anormal: se levantó temprano, encendió un cigarrillo, salió a la sala y escuchó la radio durante breves minutos, para luego dirigirse al baño y hacer eso que nadie le había visto hacer en ochenta lunes de levantadas desapacibles: cantar, en tono mayor, la canción de los piconeros.

Afortunadamente, por ser día de carnaval, no era indispensable que el caballero asistiera al empleo y sus parientes tuvieran la oportunidad de preocuparse por él, sin perderlo de vista, y vigilar discretamente todos sus movimientos. Al salir del cuarto de baño, el hombre se había detenido, había citado un toro imaginario y le había sacado dos o tres verónicas de cartel. “Debe suponer que es la reencarnación de Manolete”, comentó la irremediable tía solterona, viéndolo caminar hacia el cuarto, con el paso garboso y triunfal del lidiador que acaba de dar muerte al toro de la primera estocada.
Pero un momento después, el hombre no era el dueño de la tarde en una plaza de domingo andaluz. Era el bailarín, el cantador que seguía en el cuarto ensartando melodías a su destemplada voz de trasnochador profesional.
Tal vez ni siquiera la tía solterona (que todo lo sabe en la casa, lo divino y lo humano) no averiguará nunca a qué se debió esa extraña circunstancia de que el hombre cantara en el baño. Y es que las tías solteronas, quizá por el mismo hecho de serlo, ignoran qué le amanece al hombre en los bolsillos un lunes de carnaval.
Todo trasnochador que se respete está en la obligación de hacer, al día siguiente, un minucioso arqueo de sus bolsillos. Encontrará, en primer término, una copita de cristal. No hay francachela digna que no deje, como rastro necesario, una copita de cristal en el bolsillo del consumidor. Encontrará, en segundo término, una caja de fósforos, sin abrir, y un paquete de cigarrillos con el último cigarro melancólico y contrahecho. Encontrará siete centavos sin que nunca logre explicarse de qué milagrosa cuenta bancaria salió esa moneda de a dos que ya se ha convertido en el peor insulto para los mendigos.
Una servilleta sucia de carmín de labios, rastros de papa frita, una ficha de dominó, dos palillos de dientes y un telegrama. El eterno, el insustituible telegrama que durante toda la semana no recibió contestación.

Realizado el arqueo de los bolsillos, es natural que el hombre empiece a sentir esa desagradable sensación sobre cuyo nombre los académicos de los distintos países parecen no estar dispuestos a ponerse de acuerdo, aunque ya lo estén todos los borrachos del mundo. Pero si un lunes de carnaval, después de haber perdido la noche anterior todas las nociones, el hombre realiza el inventario de sus bolsillos y encuentra que un billete de veinte pesos ha sobrevivió a la catástrofe, es natural, es lógico, es irremediable que el hombre cante en el baño, aunque la tía solterona, traspasada de una digna preocupación, ponga en tela de juicio su salud mental.
--
Gabriel García Márquez - Textos Costeños

Hachazo en la cabeza

“Te quiero mucho” se entiende. En cambio “te quiero tanto” es raro. Es puro miedo a una irreversibilidad espantosa y es la pura imperatividad de una impotencia que no se sabe donde comienza ni mucho menos donde termina. Y es un hachazo en la cabeza.”

--
Claudio Bertoni

30.10.09

alocado y hambriento



Un discurso de Steve Jobs, en lo que sería algo así como filosofía para ingenieros o autoayuda para "emprendedores". Extraña e interesante a la vez la figura del "emprendedor", promesa para muchos, cumplida sólo para unos pocos. Quizá, dira el mal pensado, es la forma de internalizar como propio -por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa- un fracaso en que, cuando menos, siempre se le puede echar la culpa a alguien más: una infancia difícil o una sociedad injusta, por dar un ejemplo, ponte tú. Pero "el emprendedor" se impone a eso y muuuucho más, y con una empatía propia de vendedor viajero le tuerce la mano al destino, cosecha éxitos por la vida y termina dando charlas para decir que "sí, se puede".


Lo de hambriento y alocado, mirarse al espejo la mañanas, las tipografías y la libertad, obvio que sí. Predicar emprendimiento, el capitalismo buena onda y el consumo como estilo de vida... una lata.

22.10.09

Dostoqué?


Adao Iturrusgarai>>>>>>

21.10.09

Al río


Y yo que me la llevé al río...

20.10.09

Drogadicto

Un drogadicto necesita
unos 2.000 dólares semanales
para su hábito.

Yo necesito mucho menos,
escuchar tu voz,
de vez en cuando
divisarte por la calle.


--
Gonzalo Millán

19.10.09

Recapacito